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El chico apareció entre los escombros.
Se ensañó con una caja de cartón y, al rato, en cuanto se cansó, se fue calle abajo golpeando una lata de refresco a modo de balón.
Un partido contra sus ilusiones.
En esa ocasión, el chico ganó.
"Hay que ser paciente".
Puntapié a la desesperación,
aunque espere verte pronto...